La Navidad pasada, durante la merienda navideña para personas sin hogar y en riesgo de exclusión social, tuvimos el privilegio de conocer a Lucía* y John*. Habían llegado recientemente a España con sus dos hijos pequeños. Venían cargados con una esperanza sencilla: construir un futuro mejor. Pero la realidad que encontraron fue mucho más dura de lo que imaginaban.
Durante ese alcance repartimos snacks, bocadillos, chocolate caliente y ropa de invierno como regalos navideños. Jitu compartió un mensaje de esperanza en Cristo. Después pasamos tiempo con las personas, escuchamos sus historias, compartimos el Evangelio y oramos por ellos.





Lucía se acercó con curiosidad, buscando saber quiénes éramos y qué hacíamos. Luego compartió su historia y pidió oración por su situación. Su necesidad inmediata era ropa de abrigo para el invierno.
No tenían ropa de invierno.
No tenían trabajo estable.
No tenían red de apoyo.
Y vivían los cuatro en una sola habitación alquilada.


Los invitamos a nuestra celebración navideña del barrio, que era al día siguiente. Ella volvió a hacer preguntas sobre nuestra fe y doctrina, muy curiosa. Les dimos ropa de invierno para ella y los niños. Su esposo John era escéptico y no creyente, miraba todo de distancia y no hablaba mucho.




Los invitamos a participar en nuestros actividades de la asociación. A través de la distribución semanal de alimentos y nuestro grupo de cuidado, comenzamos a caminar junto a ellos. Durante esos momentos, el corazón de Lucía comenzó a abrirse a Dios. John permanecía cauteloso, pero cuando la familia asistió a nuestro Curso Alpha, algo empezó a cambiar. La esperanza despertaba.
Durante los siguientes meses vimos cómo Dios reconstruía sus vidas con suavidad.
- John consiguió un pequeño trabajo que aportaba algo de ingresos.
- Lucía nos dijo: “Queremos ir a la misma iglesia que vosotros” y comenzaron a asistir regularmente a nuestra iglesia.
- Sus hijos comenzaron a ir a la escuela dominical y florecieron en la comunidad.
- Lucía encontró trabajo y, con el tiempo, John consiguió un empleo estable como conductor de reparto.
El punto de giro llegó hace unas semanas. Lucía nos llamó y dijo: “Con la misericordia de Dios y vuestra ayuda, ahora estamos estables como familia. Queremos dejar nuestro lugar en la distribución de alimentos para que otra familia pueda recibir ayuda. Gracias por acompañarnos en nuestro momento más difícil. Nunca lo olvidaremos.

Sus palabras estaban llenas de gratitud… y de propósito. Un simple acto de compasión en Navidad abrió la puerta a una transformación que cambió el futuro de una familia.
El domingo pasado despues del culto dominical, les dijimos: “Dios os ha traído a esta nación para ser bendecidos Y también para ser de bendición.”
Todos nos emocionamos —porque esas palabras eran verdad. Hoy, Lucía y John ya no están solo recibiendo; están creciendo, sirviendo y brillando. Su historia nos recuerda por qué hacemos lo que hacemos.
Porque la misericordia importa.
Porque la comunidad restaura.
Porque la esperanza se multiplica.
Y porque el Evangelio transforma.